Nuestro sabio, Guillermo de la Dehesa, ha escrito este fin de semana sobre la CONFIANZA. Salta a su lectura y escribe un comentario a cerca de la tuya.
La confianza es el elemento clave del funcionamiento de una sociedad y de una economía. Sólo la confianza permite que una persona tenga relaciones o haga negocios con otras personas, y es sólo haciendo negocios entre personas y creando empresas como se crea renta y riqueza. Una prueba clara del valor de la confianza es que hoy se realizan miles de millones de dólares de transacciones diarias en el mundo por teléfono o por ordenador, recibiendo sólo anotaciones en cuenta como respaldo.
La confianza puede ser personal, cuando una persona cree y confía en sí misma, lo que le permite tomar iniciativas y riesgos. Puede ser interpersonal, cuando se confía en otras personas, lo que permite tener amigos, participar en organizaciones y asociaciones, pertenecer a la sociedad civil y crear empresas. Finalmente, puede ser impersonal o institucional, lo que permite que las normas, contratos, propiedad privada y otros derechos básicos de un país sean respetados y que su economía funcione eficientemente al confiar sus ciudadanos en la equidad, imparcialidad y eficiencia de las instituciones políticas, sociales y económicas creadas por ellos.
El economista principal del Banco Mundial, Steve Knack, ha demostrado que la enorme diferencia entre la renta por habitante de EE UU y de Somalia está explicada, en su totalidad, por el enorme contraste entre sus niveles de confianza institucional. En Somalia, la ausencia de confianza institucional y de normas e instituciones confiables hace que sea un Estado fallido incapaz de generar iniciativas, inversión y empresas.
Hoy, en un mundo globalizado, la confianza es aún más importante, ya que es la que ha permitido la creciente división internacional del trabajo, en la que cada parte o proceso de una manufactura o de un servicio se produce en países diferentes y se intercambia globalmente, resultando en un progreso económico mundial desconocido hasta ahora.
Ahora bien, la confianza tiende a ser volátil, ya que es una creencia que forma parte de un conjunto más amplio de elementos psicológicos que Keynes denominó animal spirits, es decir, creencias, impulsos y emociones espontáneas inherentes a la condición humana que hacen que una gran proporción de nuestras actividades y decisiones dependan más de estas creencias y motivaciones que crean estados de pesimismo u optimismo que de las expectativas o probabilidades matemáticas.
Por esta razón la ciencia económica no es una ciencia exacta, como es la física, ya que no trata con materia o naturaleza, sino con seres humanos que no responden siempre de la misma manera ante situaciones iguales y que muestran a menudo una racionalidad limitada, especialmente en situaciones de incertidumbre. Mientras que la teoría económica convencional describe un proceso formal de toma de decisiones, en el que las personas consideran todas las opciones disponibles, observan su utilidad y ventajas potenciales y toman su decisión, la realidad muestra que muchas de las decisiones más importantes en la vida de las personas y de las empresas suelen ser tomadas de forma espontánea por tener confianza en que saldrán bien.
Estas creencias que generan confianza o desconfianza son decisivas en los ciclos económicos, ya que pueden acelerar y exagerar sus fases de auge o sus fases recesivas. Por esta razón, el nobel George Akerloff y Robert Shiller, en su reciente libro Animal spirits, basándose en el famoso multiplicador keynesiano (que muestra cómo pequeños estímulos fiscales por el Estado crean un flujo sucesivo de gasto privado en la economía con efectos superiores al inicial), crean el multiplicador de la confianza, ya que sus variaciones al alza también generan efectos sucesivos y multiplicadores en el consumo y la inversión.
La reciente crisis financiera ha mostrado este multiplicador en sentido inverso. La dramática caída de la confianza ha llegado a paralizar los mercados de crédito (que eran demasiado abundantes y baratos), encareciendo y racionando el crédito y la financiación mayorista, acelerando la recesión, reduciendo los efectos del multiplicador keynesiano y obligando a los gobiernos a gastar en exceso.
Reconociendo este creciente peso de la confianza en la economía, gobiernos y bancos centrales siguen muy de cerca los índices de confianza de los consumidores y de los empresarios como posibles predictores de la actividad económica y de los cambios de tendencia en los ciclos económicos para afinar mejor sus políticas fiscales y monetarias contracíclicas. Ahora bien, la evidencia empírica muestra que su capacidad de ser un indicador avanzado es mucho mayor en sus fases recesivas que en las expansivas.
Por lo tanto, los animal spirits en general y la confianza en particular pueden exagerar las fases del ciclo de los negocios, provocando primero fuertes burbujas y luego profundas recesiones, y creando inestabilidad macroeconómica. Pero lo peor de estas expectativas de desconfianza es que tienden a retroalimentarse y a autocumplirse (como las profecías de Robert K. Merton), especialmente en las fases recesivas del ciclo, lo que las torna muy peligrosas.
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